martes, 5 de enero de 2010

TRES TUMBAS (PARTE III)


Esta es la tercera y última parte de mi ensayo. Saludos y feliz 2010.


TRES TUMBAS


Por Ma. Luisa Durán


3
He imaginado muertos que reviven y habitan entre tumbas dominando voluntades, siendo admirados y temidos a la vez. He visto seres humanos que han muerto tras ser enterrados vivos, entre tremendos sufrimientos y terrores manifiestos. Sus muertes se han vuelto exquisitas al ser relatadas con maestría por los escritores de terror. Pero hay otras tumbas que no he leído ni sentido ni imaginado y que por ser aún más terribles que las anteriores no alcanzo a revivirlas sin que una cadena de estremecimientos recorra mi piel. Se trata de los vivos que viven en sus tumbas personales. Mi madre fue una de ellos. Padeció asma durante cincuenta años antes de morir sin que el aire pudiera alcanzar a sus pulmones. Las causas nadie las pudo establecer; la cura nada la pudo brindar; ningún paliativo fue suficiente para evitar el continuo sufrimiento. El asma es una tumba interna, es la sensación de estar en un féretro hermético aún en el lugar más descampado, con el viento girando en nuestro derredor, con el oxígeno a nuestro alcance, pero sin posibilidad de absorberlo, de hacerlo nuestro para poder sobrevivir. Es no poder suspirar nunca; es abrir la boca hasta cortarse los labios y aspirar sin poder llegar al fondo del órgano respiratorio; es el proceso de desesperación constante, creciente, el ennegrecimiento de la piel, la lenta disminución de las funciones vitales. Durante cincuenta años. El no reconocerse ni a sí mismo cuando el cerebro deja de recibir la energía vital para funcionar. Es estar vivo pero no poder vivir, ni moverse, ni razonar, ni amar, ni decidir, ni descansar. Es tener dentro una tumba y sin féretro en derredor. Es una lenta espera, la espera de la verdadera muerte, que sin tener que desprender la cabeza del tronco brindará el descanso, ojalá. Los horrores son las sondas, las venoclisis, las jeringas profundas, la ingestión de suero y medicamentos, la inconsciencia educada del doctor, el tratar de arrancarse los cables del oxígeno para acortar la lentitud de la espera.

El enterrado vivo sabe que va a gritar y arañar y morirá asfixiado sin que nadie lo socorra. El agónico por asma sabe que morirá asfixiado pero no puede ya gritar ni arañar y se siente contemplado por aquellos que quisieran socorrerlo y no lo logran. El vampiro sabe que está muerto pero ha revivido y el origen de su sufrimiento está en su maldad innata y su condición de inmortal. El contaminado de los pulmones sabe que es mortal y que sufre, pero no entiende las razones metafísicas del sufrimiento, si alguna vez fue merecedor de él por su maldad o por su bondad o porque así estaba escrito por manos divinas. Sin duda será una muerte épica, porque se necesita gran valor para padecerla, pero el sentimiento heroico se neutraliza cuando no es deseado. El maldecido por la enfermedad respiratoria no la quiere padecer, así que no es un héroe ni un enterrado vivo ni un muerto en vida, es únicamente un despojo indefenso que no quiere morir pero que tampoco quiere vivir la vida que le queda. Son unos ojos vidriosos que se agrandan cuando ven sufrir a quienes aman y que cuando se cierran no dejan de ver esas lágrimas de los seres que los quieren; al dolor físico se aúna el dolor sentimental.

Hay demasiadas maneras terribles de morir y demasiadas situaciones terribles para existir. Se puede vivir por siempre en la fatalidad del hacer daño, se puede morir en un sitio hermético y oscuro sin que nadie se dé cuenta, y ambos procesos pueden recrearse con maestría en las páginas de un libro, causando terror, angustia y admiración. Pero cuando en la realidad la vida se convierte en muerte y la muerte se espera sin desearse para encontrar una distinta vida, sólo nos queda enmudecer.

1 comentario:

  1. Ufff. Nunca hubiera imaginado lo posible y terrible que una enfermedad cada vez más común, el asma, puediera equipararse a la propia muerte. Cuando empecé a leerlo, imaginé que la muerte en vida se refería a un estado de depresivo, a la muerte lenta del alma, que de alguna forma también es un deceso. Me resultó sorpresivo que en realidad fuera un acontecimiento físico, y completamente de acuerdo, más irreal que lo fantástico. ¿Qué sigue, María Luisa? ¿Continuaras con el género, o con el cuento con ensayo?. Felicidades.-

    ResponderEliminar