Un cuento de Juan José Medina Guízar
No hubo necesidad de traer a nadie, ya todos estaban ahí.
No era para menos la admiración que Ramiro Gamba generaba entre los reos y autoridades del penal donde purgaba condena. Tenía tatuada a la virgen de Guadalupe en todo su torso. La cara de la virgen empezaba en el cuello y los pies terminaban en su sexo. Si hasta parecía que el cuerpo de Ramiro Gamba había sido diseñado para lienzo de la Guadalupana. A la hora del baño todos los presos buscaban entrar al mismo tiempo que Ramiro Gamba para santificarse. Algunos sólo se contentaban con verla, aunque fuera de lejos, a través de las pequeñas ventilas que rodeaban el galerón, aquello era una romería todas las mañanas. Esas enormes y frías galeras se llenaban del calor humano generado por tantos reos seguidores de la morenita. Una de las enormes ventajas que Ramiro Gamba tenía era que nadie se atrevería a apuñalarlo, Porque “eso sería pecado y de los grandes”, como decía Diódoro Chabot, al que apodaban el "Topo". El "topo" era compañero de celda de Ramiro Gamba. Ramiro Gamba se paseaba por los patios del penal con la camisa siempre abierta y los pantalones que le proporcionaban en el penal los traía a la cadera. Ramiro Gamba los mandaba arreglar con Tarsicio Creel, apodado “el sastrecillo valiente”, el costurero del reclusorio. Tenía una cierta caída de ojos, rara. A consecuencia de haberse puesto gotas de limón por más de un año, recomendadas por el yerbero de su colonia. Por la simple razón de que le amanecían colorados por las mañanas. Hasta que un día amaneció con los ojos cerrados, llenos de lagañas y ya nada se pudo hacer para que los abriera completamente de nuevo. Como resultado le quedó esa caída de ojos medio extraña, razón para que muchos presos dijeran que era puto. Ramiro Gamba le había pedido al sastrecillo que a sus pantalones les realizara un diseño moderno y a la cadera, para que dejara ver lo más que se pudiera de la imagen santa. ¡claro! que sin caer en lo prosaico y mucho menos en lo extravagante.
Ramiro Gamba presumía que el tatuaje se lo habían hecho en el gabacho, en uno de los muchos brincos que se había echado para matar a unos compas que se la debían. Se lo hicieron unos batos que le hacían trabajos a Madonna y a un luchador llamado Sena. Decía el "Topo" que una vez, Ramiro Gamba le había contado que el material que utilizaron para tatuarle la imagen, eran remanentes de pintura fluorescente que utilizaba la N.A.S.A. para sus naves espaciales. Por lo que su celda, todas las noches, permanecía iluminada tenuemente, luz que aprovechaba el topo para leer su libro vaquero, pues a las ocho en punto cortaban la corriente y toda el área de celdas quedaba en penumbras. Desde el primer día que a Ramiro Gamba se le ocurrió colgar un bote por fuera de su celda, solicitando ayuda económica para la manutención de la imagen, no hubo día que no le cayeran por lo menos cinco pesos.
Luis Alberto Zamacona, alias el “Tonel”, despiadado sicario de la zona mazatleca, en un acto de alevosa envidia, quiso tener una imagen semejante, por lo que le pidió a Jorge Yepez que se la tatuara a la mayor brevedad, que por dinero no se preocupara pues le había caído una lana que le envió su jefecita. “te la voy a pagar bien pagada, cabrón”. Jorge Yepez el famoso falsificador de cheques de viajero y bonos del Tesoro mexicano, detenido porque en una ocasión que realizaba un retiro de su propio dinero, en su propio banco, dudaron de su firma y al cotejarlo apareció en el archivo de la PGJ su foto, aunque con otro nombre y ahí mismo lo aprehendieron. Jorge Yepez, “El Falsas” había sido un excelente dibujante, pero el tiempo y el encierro habían dañado muchas de sus habilidades, la mayoría de éstas se habían perdido casi en un noventa por ciento, sin tomar en cuenta el mal de parkinson que lo había atacado unos años atrás. Otra cosa que perjudicó el trabajo fue la tinta utilizada, tinta de una pluma werever caravel, punto fino tan vieja y tan reseca a causa de que llevaba varios años guardada dentro de un bote en la celda de Yepez, la tinta no aguantó ser mezclada con la grasa que el “Tonel” mantenía bajo su pellejo. Otros dicen que más bien fue un castigo divino, porque la imagen de Ramiro Gamba era la oficial. Los primeros días la imagen “chafa” del “Tonel” no estaba tan mal, tal vez un poco borrosa en el contorno de la cara y en una que otra estrella. Una imagen tristona en su composición, porque sólo estaba hecha en un solo color, que era el azul marino y al estar tatuada de ese modo, no la hacía llamativa. Fue un domingo cuando el “Tonel”, después de haber dormido hasta tarde, se dio cuenta que la imagen se le había chorreado toda, por todos los poros de su enorme barriga. Convirtiendo al “Tonel”, en un enorme moretón ambulante.
Ramiro Gamba aprovechaba los días con sol para asolear a la morenita del Tepeyac. Los domingos, para la misa del padre Salgado, lo tomaban como estandarte, el mismo padre decía que nunca había visto una imagen tan prodigiosamente realizada y él era un experto en el tema. “En el cuerpo de Ramiro Gamba es como si cobrara vida”. Los años pasaron y Ramiro Gamba fue imbuido por un fervoroso espíritu religioso, a causa del respeto que todos los reclusos le brindaban. Esto hizo que cambiara completamente su actitud de sicario sinaloense a un verdadero Karol Wojtyla, eso era ahora el multiasesino: un santo, un verdadero santo. Algunos llegaron a decir que en el fondo de los ojos de Ramiro Gamba y tras esa mirada glacial y nada amistosa se veía la imagen de la virgen. Esto tendría que ser muy en el fondo de sus ojos, porque su rostro sí era el de un verdadero hijo de la chingada. Aprendió palabras en latín para santificar a los compañeros que se lo solicitaban y cultivó el arte de escuchar. Esto lo hizo escalar estatus dentro de la mafia presidiaria, se volvió respetado por la mayoría del gran grupo de hijos de puta que controlaban el penal. Después empezó a correr el rumor de que había sido sentenciado injustamente, se llegó a pensar que alguien del Vaticano intervendría para sacarlo de su cautiverio. Pero la verdad fue que ni los sacerdotes, ni las autoridades movieron un solo dedo para su liberación, muy al contrario, le cargaron nuevas acusaciones, lo que sumó una sentencia de dos cadenas perpetuas y tres días, asegurando su estadía por los siglos de los siglos en aquel presidio. Claro que todo esto se hizo sin que Ramiro Gamba tuviera la más mínima idea de lo que ocurría. La fuerza milagrosa de la imagen era tal, que llegó una solicitud del reclusorio Oriente para que Ramiro Gamba fuera extraditado para allá.
Obviamente, ante la negativa rotunda de don Natividad Garza, que era el director del penal. “Por ningún motivo y de ninguna manera se dará la autorización para que Ramiro Gamba sea extraditado, removido o cambiado de este penal”. Esto lo declaraba con el rostro engarrotado por la molestia.
Al crecer la fama y los milagros que le eran atribuidos a la imagen, en un boca a boca interminable, llegaron reporteros de las televisoras de todo el mundo. Hubo un reportaje especial del Discovery chanel, cuya aportación fue una colección de libros religiosos para la biblioteca del penal, y ninguna gratificación para Ramiro Gamba. “Culeros, ni un pinche dólar me dieron”. Llegaron muchos periodistas a pedirle consejo acerca de los problemas nacionales. Ya para ese tiempo, las palabras que emanaban de Ramiro Gamba parecía que las pronunciaba la mismísima Virgen. Llegó el momento en que las cámaras desdeñaban el cuerpo y la persona de Ramiro Gamba. Las tomas televisivas solamente enfocaban del cuello hacía bajo. “La pura imagen” decían los directores de cámara.
Como la imagen empezaba exactamente en el cuello de Ramiro Gamba, la nariz y la boca de la virgen estaban tatuadas sobre la manzana de Adán y cada vez que Ramiro Gamba tragaba o la movía parecía que la virgen masticara algo o que quisiera mandar un mensaje de paz a su pueblo. Un reportero llegó a decir que hasta calientita estaba. Detectaron a muchos visitantes falsos que alquilaban reclusos por una paga mensual, para poder tener un pretexto y de ese modo entrar al reclusorio los domingos, uno de los días en que Ramiro Gamba se paseaba por el patio central, y así poder ser testigos del estandarte viviente. Cuando el “Azteca” y el “Chololo” empezaron con sus intrigas, empezaron los problemas para Ramiro Gamba. El “Chololo”, profundamente molesto, lo acusaba de una posesión ilegal de la imagen y que deberían despellejarlo y hacer un cuadro con su piel, un retablo que estuviera de fijo en el recibidor, para que todos los familiares de los presos pudieran persignarse al llegar a su visita. El “Azteca” no era tan extremoso, ni tan malintencionado, él sólo solicitaba que encerraran a Ramiro Gamba en una celda de cristal y que fuera móvil, que lo bañaran todos los días, y disponer de él en el momento en que se le solicitara. Por ejemplo: para los miércoles y jueves lo pondrían cerca del pasillo donde se encontraban los cuartos para la visita conyugal, el domingo por la mañana en la recepción para que todos se santificaran frente a él, más tarde llevarlo al auditorio donde se celebraba la misa oficial. El “Chambotas”, por su parte, hacía airadas protestas, diciendo: “es un verdadero sacrilegio que los piecitos de la santa estén cerca del sexo de ese cabrón que ahora se las da de santo”.
Ramiro Gamba empezó a enflacar de forma notoria e inexplicable y las estrellas que circundaban a la Virgen tomaron una apariencia de tercera dimensión al estar sobre la piel que ya se pegaba a sus costillas. Era notoria su pérdida de salud y de peso. Una palidez cadavérica lo acompañaba siempre. Hasta el punto de que muchos reos empezaron a temer por su vida, al presentir el riesgo que corría la imagen al estar en un cuerpo tan venido a menos.
Fue una tarde de junio, un martes trece. Mientras Ramiro Gamba estaba sentado en una banca del patio central, dándole las últimas fumadas a una bacha de mota, mirando los volcanes que estaban rebosantes de nieve, y pensando: “la vida no ha sido tan mala al fin y al cabo”. En ese momento exacto, se le acercó la doctora Frígida Cienfuegos y le anunció: “después de los estudios que le hemos practicado, descubrimos que tiene usted un tumor maligno en el cerebro, un tumor del tamaño de una uva”. Se lo dijo fríamente, sin ningún rasgo de compasión, y mirándolo directamente a los ojos.
“¡Me lleva la chingada… que pinche suerte! ahora que nos estaba entrando más lana, entre la venta de los recuerditos que hacen nuestros propios presos y las visitas guiadas, casi triplicamos nuestros ingresos. Chingada madre… en que momento se nos viene a enfermar este pendejo. Bueno, bueno, aquí ya Ramiro Gamba no tiene la menor importancia, lo que nos debe ocupar es la imagen.” Esto fue lo que expresó don Natividad Garza al conocer la mala noticia.
Después de pensar en cómo mantener la imagen, la directiva se enfocó en encontrar a alguien que se hiciera cargo del delicado proyecto. El director del penal, en un interés por la comunidad presidiaria, mandó llamar a Vladimir Yunosky, el gran taxidermista ruso-judío que entre sus más legendarias proezas estaba la de mantener el cuerpo de Lenin en perfecto estado. Este Vladimir Yunosky era nieto de Yazkin Yunosky e hijo de Anatoli Yunosky y único heredero de los secretos que mantenían la piel muerta viva por siglos.
El día que llegó a revisar a Ramiro Gamba se desilusionó del estado en que su piel se encontraba. Por tal motivo les dijo que no podía garantizar la permanencia perpetua de la piel de Ramiro Gamba. Los ojos de Vladimir Yunosky recorrieron la famosa imagen y después de algunas preguntas, en un diagnóstico minucioso, llegó a la conclusión de que Ramiro Gamba, desafortunadamente para la causa que los ocupaba, no había comido bien de chico, motivo por el que su piel se había vuelto chiclosa y a la vez seca, una mezcla que era muy difícil de explicar, pero que era muy común en los países donde se acostumbraba cenar bolillo con frijoles negros y cocacola. A pesar de la problemática que presentaba la piel de Ramiro Gamba, Vladimir Yunosky, como por el momento no tenía la solución, pidió a las autoridades que no exteriorizaran nada de lo que él les había informado, pero que se comprometía a hacer su mayor esfuerzo para que esa imagen tan hermosa no terminara tragada por los gusanos. A Ramiro Gamba lo obligaron a firmar de conformidad un documento donde al morir donaba de manera voluntaria su piel.
Y llegó el día en que el cáncer finalizó su labor, terminando con la vida de Ramiro Gamba, que murió en paz, sintiéndose en cierta forma, un santo, un santo que sucumbió en una cruzada muy particular. Corre la leyenda de que en la imagen que se encuentra en el auditorio del penal, en la niña de los ojos de la virgen de Guadalupe se ve a un hombre muy parecido a Ramiro Gamba, con el rostro de un verdadero hijo de la chingada, resplandeciente y lleno de paz.
